Dulce vida saludable

Admítelo, te encanta el dulce. Te vamos a explicar cómo incluir esos antojitos en una dieta balanceada para que siempre los tengas presentes.

La definición es simple: se llama endulzante —o edulcorante— a cualquier sustancia que produzca en tu paladar un sabor dulce. ¿Eso significa que todos son iguales? No, de hecho existen muchos tipos: naturales, sintéticos, dietéticos, calóricos… Por eso, la gama es variadísima: azúcar convencional, miel, panela, estevia, fruta monje, néctar de agave, jarabe de dátiles —opciones naturales—, o sucralosa, sacarina y aspartame —alternativas industriales—.

 

¿Qué debes tener en cuenta al momento de endulzar tu comida? Analizar las propiedades de las opciones disponibles –ya sean naturales o industriales– y elegir la que más se ajuste a tus gustos y necesidades.

 

¿Alguna otra recomendación? Cuida las porciones, es importante que no te excedas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) tu consumo de azúcares libres no debería superar el 10% de tus calorías diarias.

 

¡No te vayas a los extremos! No significa que no puedas comer nada con dulce. No es lo mismo agregar una cucharadita de panela —o cualquier otro endulzante— a tu café una mañana, que tomar tres jugos diarios, cada uno con dos cucharadas de azúcar. No es imposible tener una dieta dulce y saludable, es más una cuestión de equilibrio y conciencia.

 

Un tip estrella si quieres que tus alimentos sepan dulce, pero evitar que tus niveles de glicemia lleguen a ser peligrosos, es reemplazar el azúcar convencional con otro tipo de endulzantes. Incluso, podrías cambiarlo poco a poco por el sabor propio de algunos alimentos como el banano maduro o las fresas.